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Ciencia

¿Se salvará la Tierra? Un nuevo estudio desafía la teoría sobre el destino final de nuestro planeta

junio 19, 2026·Redacción Tres Dedos

Durante décadas, los astrónomos consideraron prácticamente inevitable que la Tierra terminara siendo devorada por el Sol cuando este alcanzara las últimas etapas de su evolución. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que el destino de nuestro planeta podría no estar completamente sellado y que existe una posibilidad de supervivencia, al menos desde el punto de vista orbital.

El estudio, publicado en la revista científica Astronomy & Astrophysics, plantea que la Tierra podría evitar ser absorbida por la gigantesca envoltura de gas de un Sol moribundo gracias a un fenómeno que hasta ahora había sido subestimado: la pérdida masiva de material estelar durante las fases finales de la vida de nuestra estrella.

Aunque este escenario ocurriría dentro de aproximadamente 5.000 millones de años, mucho después de que la Tierra haya dejado de ser habitable, la investigación aporta una nueva perspectiva sobre la evolución futura del Sistema Solar y sobre los complejos mecanismos físicos que determinan el destino de los planetas.

Actualmente, el Sol se encuentra en una etapa relativamente estable de su existencia, obteniendo energía mediante la fusión de hidrógeno en su núcleo. Sin embargo, como todas las estrellas de tamaño similar, llegará un momento en que agotará ese combustible.

Cuando eso ocurra, comenzará una profunda transformación. Primero se convertirá en una gigante roja, una fase en la que aumentará enormemente su tamaño. Más adelante, tras consumir el helio acumulado en su núcleo, evolucionará hacia una etapa conocida como rama asintótica de las gigantes, o AGB por sus siglas en inglés, durante la cual alcanzará dimensiones aún mayores y perderá grandes cantidades de masa.

Tradicionalmente, los científicos consideraban que esta expansión acabaría arrastrando a la Tierra hacia una colisión inevitable con el Sol. La explicación se basaba en las llamadas fuerzas de marea, el mismo fenómeno gravitacional que actualmente provoca las mareas oceánicas en nuestro planeta debido a la interacción con la Luna.

En el futuro lejano, cuando el Sol alcance tamaños gigantescos, estas fuerzas de marea actuarán de manera mucho más intensa. La energía generada por esas interacciones dentro de la propia estrella produciría una pérdida gradual de energía orbital en la Tierra, haciendo que el planeta se acercara cada vez más al Sol hasta ser finalmente engullido.

Sin embargo, existe otro proceso que actúa en sentido contrario.

A medida que envejezca, el Sol expulsará enormes cantidades de material al espacio mediante poderosos vientos estelares. Esta pérdida de masa reducirá su fuerza gravitatoria, provocando que los planetas se desplacen hacia órbitas más alejadas.

Según los autores del estudio, el destino de la Tierra dependerá precisamente del equilibrio entre estos dos efectos opuestos: el arrastre gravitacional generado por las mareas y el alejamiento orbital provocado por la pérdida de masa solar.

Mats Esseldeurs, astrofísico de la Universidad de Lovaina, en Bélgica, y autor principal de la investigación, explicó que si las interacciones de marea resultan más fuertes, la Tierra terminará siendo absorbida por el Sol. En cambio, si predomina la pérdida de masa estelar, el planeta podría desplazarse a una distancia suficiente para evitar el contacto con la superficie solar expandida.

La principal novedad del estudio radica en que los investigadores utilizaron modelos mucho más avanzados para analizar el comportamiento de las mareas dentro de estrellas gigantes. Durante años, las estimaciones se basaron en aproximaciones relativamente simples, pero los avances logrados en las últimas décadas han permitido desarrollar simulaciones mucho más precisas.

Los resultados indican que la disipación de energía causada por las mareas en el interior de las estrellas gigantes podría ser significativamente menor de lo que se pensaba. Esto reduce la fuerza del efecto que empujaría a la Tierra hacia el Sol y aumenta las posibilidades de que la expansión orbital asociada a la pérdida de masa termine imponiéndose.

Para perfeccionar sus cálculos, los científicos estudiaron también una estrella cercana conocida como L2 Puppis, considerada una especie de versión envejecida del Sol. El análisis de este objeto permitió obtener mejores estimaciones sobre la cantidad de masa que nuestra estrella podría perder durante sus etapas finales.

Stephane Mathis, astrofísico del CEA Paris-Saclay en Francia y coautor del trabajo, explicó que la combinación de nuevos modelos físicos y observaciones más precisas permitió replantear el escenario tradicional. Según señaló, con los conocimientos actuales resulta plausible que la Tierra logre alejarse lo suficiente para escapar de la expansión solar.

Los nuevos cálculos también modifican las previsiones para otros planetas del Sistema Solar. Marte, que anteriormente aparecía como un posible candidato a ser arrastrado hacia el Sol, también podría evitar ese destino y mantenerse en una órbita segura.

Mercurio y Venus, en cambio, parecen no tener ninguna posibilidad de supervivencia. Debido a su proximidad al Sol, ambos planetas serán absorbidos inevitablemente cuando la estrella alcance sus dimensiones máximas.

No obstante, incluso si la Tierra logra escapar físicamente de ser engullida, eso no significa que conserve condiciones aptas para la vida. Mucho antes de la expansión final del Sol, el incremento gradual de su luminosidad provocará cambios extremos en el clima terrestre.

Los océanos se evaporarán, la atmósfera sufrirá profundas transformaciones y las temperaturas alcanzarán niveles incompatibles con cualquier forma de vida compleja. Los científicos estiman que estas condiciones comenzarán a manifestarse mucho antes de las fases finales del Sol, por lo que la habitabilidad de la Tierra desaparecerá miles de millones de años antes de que se resuelva definitivamente su destino orbital.

Tras expulsar sus capas externas al espacio, el Sol concluirá su evolución convirtiéndose en una enana blanca, un remanente estelar extremadamente denso y caliente que conservará aproximadamente la mitad de la masa actual de la estrella.

Aunque la posible supervivencia orbital de la Tierra no cambiará el destino de la vida en nuestro planeta, el hallazgo representa un avance importante en la comprensión de cómo evolucionan las estrellas y los sistemas planetarios. También demuestra que incluso cuestiones que parecían resueltas en astronomía pueden cambiar cuando nuevas observaciones y modelos físicos permiten mirar el universo con mayor precisión.